Homo sapiens chatgipitiensis (Parte I). Toda tecnología cambia al ser humano
Juan Luis Martínez Zamacona
El profesor Martínez Zamacona cuenta con 18 años de experiencia docente dedicados al acompañamiento y la formación integral de alumnos, profesores y padres de familia. Realizó sus estudios de Filosofía en la Universidad La Salle, experiencia que ha influido profundamente en su visión educativa y en su interés por comprender los procesos humanos desde una perspectiva interdisciplinaria. Como profesor de aula, conferencista y participante en proyectos de investigación arqueológica, entre ellos como coordinador del voluntariado en la excavación del sitio arqueológico de Magdala, Israel, gestionado por el Magdala Center, ha orientado su labor docente y de investigación hacia la dimensión antropológica del devenir histórico y el diálogo entre la historia, la filosofía y las ciencias cognitivas. Actualmente imparte las materias de Historia e Integración Curricular en el Centro Educativo Anglo Mexicano, Plantel Morelos.
Esta publicación fue revisada por el comité editorial de la Academia de Ciencias de Morelos.
¿Te has puesto a pensar cuántas tareas puede realizar la tecnología por ti? ¿Alguna vez le has pedido ayuda a la IA y has terminado dejando casi todo el problema en sus manos?
Como sociedad, el humano ha creado maravillas tecnológicas sorprendentes. La tecnología nos ha acompañado desde antes de que nuestra especie caminara sólo sobre sus pies, cuando algunos miembros del género Homo, ancestros del ser humano actual, comenzaron a desarrollar gradual y evolutivamente la habilidad de razonar, elegir, diseñar y modelar el mundo.
Gracias a la tecnología podemos interactuar exitosamente con el entorno, encontrando soluciones a problemas que nos aquejan tanto en lo individual como en nuestra dimensión social. Esta oportunidad latente se ha hecho manifiesta de forma creativa de muchas maneras a través de la historia de la humanidad, permitiéndonos acceder al mundo y hacerlo cada vez con mayor rapidez y modificando significativamente nuestro entorno; en otras palabras, soluciones exprés para problemas cotidianos y transformaciones profundas para hacer el mundo a nuestra medida (Figura 1).

Figura 1. Homo sapiens chatgipitiensis (Síntesis visual idealizada). Imagen conceptual con fines ilustrativos, diseñada por el autor y generada mediante la herramienta de generación de imágenes de OpenAI.
¿Cuál consideras que ha sido la época de mayor impacto tecnológico en la historia humana?
Fácilmente alguien podría contestar que lo es la nuestra, pero la pregunta es más compleja de lo que parece. Aunque es cierto que cada época ha sido la más avanzada tecnológicamente que las que le anteceden, tecnología no es sinónimo de avanzado. Algunas tecnologías podrían parecer increíblemente rudimentarias y aun así tener un profundo impacto.
Analicemos por un momento esa premisa. Hoy el uso de una piedra como instrumento de defensa suena primitivo, pero muchas cosas tienen que pasar en un cerebro antes de que recurramos a objetos como herramientas; es verdaderamente complejo.
Para un homínido que se enfrentaba a un entorno hostil al que no se adaptaba su cuerpo tan fácilmente, la capacidad de valerse de piedras y ramas marcó un parteaguas que determinó si los homínidos sobrevivirían o no. Es innegable, por supuesto, que sí sobrevivieron y se volvieron la especie dominante de un planeta entero, demostrando que por encima de otras habilidades evolutivas que están en una larga lista genética, la inteligencia fue decisiva, pues con ella se puede compensar la ausencia de muchas otras aptitudes.
Aunque sería laborioso determinar qué tecnologías han transformado profundamente la vida humana en cada época, algunos inventos y descubrimientos innegablemente permitieron a la civilización dar saltos enormes hacia un modo de vida radicalmente distinto, como por ejemplo: la lítica (el uso de rocas para elaborar herramientas), el dominio del fuego, la agricultura, la ganadería, la alfarería (elaboración y cocción de instrumentos de barro), la rueda, la escritura y la metalurgia (Figura 2). Cada uno de estos avances cambió por completo el modus vivendi de culturas enteras y del humano en general.

Figura 2. Hitos tecnológicos que transformaron la civilización. Imagen conceptual con fines ilustrativos, diseñada por el autor y generada mediante la herramienta de generación de imágenes de OpenAI.
Parecería que la tecnología siempre juega a nuestro favor
¿Es correcto asumir esto de forma categórica? Al principio suena atractivo todo lo que tiene que ver con la tecnología; sin duda ofrece y resuelve. ¿Qué inconvenientes podría haber con ella? Reflexiona sobre lo siguiente, pareciera que cada avance puede venir acompañado de la renuncia o sacrificio de una capacidad o habilidad. Tiene sentido si lo piensas, cada parte de nuestro cuerpo existe por una razón. Es biológicamente muy caro crear y mantener tejido y función, así que el cuerpo economiza asegurándose de no mantener ni nutrir lo que no se usa.
Para esclarecer los alcances de la afirmación anterior, te propongo el siguiente ejemplo. El historiador Yuval Noah Harari explica en su libro De animales a dioses (1) cómo las jirafas de cuello largo que hoy conocemos convivían en la antigüedad con otras de cuello corto, y no es que fueran de diferente especie, sino que, así como pasa con los humanos de hoy en día, algunas eran más altas que otras. No obstante, en periodos de escasez de alimentos, las de cuello más largo tenían más éxito al conseguir comida y por ende sobrevivieron y se reprodujeron, creando un proceso de selección natural que terminó por hacer prevalecer esta característica hasta el punto en que hoy solo quedan las jirafas de cuello alargado que conocemos. Este caso es muy utilizado para retratar los alcances de la evolución, y ejemplos como este se hacen presentes en muchas especies; desde los peces abisales que viven en las profundidades del mar y que han ido modificando sus ojos y mecanismos de caza en total oscuridad, hasta los Homo sapiens sapiens que sobrevivieron a los demás homínidos.
La mandíbula de nuestros antepasados homínidos era más ancha y fuerte. Se modificó por diversos factores y varios autores, como el primatólogo Richard Wrangham (2), proponen que uno de estos fue el factor tecnológico, como el uso del fuego para cocer carne, tubérculos y otros alimentos, volviéndolos más blandos y fáciles de procesar por nuestro organismo, al grado de que ya no necesitamos colmillos para desgarrar tejido como algunos depredadores ni sistemas digestivos tan elaborados como los de los grandes bovinos y otros herbívoros.
Si bien la evolución es un proceso lento de millones de años y no es un fenómeno observable en el lapso de una vida, los individuos de cada especie tienen en su ciclo vital mecanismos que parecen obedecer a la misma lógica. La analogía nos sirve para entender cómo la biología favorece los atributos que garanticen la supervivencia y proliferación de la especie. Las fortalezas o habilidades que no se usan pueden ir disminuyendo con el tiempo, mientras que otras, con la práctica y uso constante, se fortalecen.
¿Cómo se conecta este efecto de ganancia o pérdida de habilidades contigo?
Así como la evolución modifica las características y atributos más propensos a promover la vida, la biología se pronuncia a favor del mismo criterio en microfenómenos que sí son visibles en periodos más cortos tal como se ejemplifica a continuación.
Cuando nuestros abuelos eran jóvenes, no había Google Maps ni Waze. Muchos de nuestros mayores aprendieron a leer mapas en libros de viajes o en guías impresas de navegación vial, como la ya olvidada Guía Roji, que estaba compuesta únicamente por mapas de distintas regiones de México.
Resulta que leer mapas no es una habilidad barata: mezcla percepción espacial, memoria, orientación, toma de decisiones, abstracción simbólica e imaginación. Leer mapas impresos, en vez de obedecer las instrucciones de nuestros teléfonos y GPS, cambia la estructura de nuestro cerebro y, con ello, la forma en que un individuo piensa.
La neurocientífica Mayim Bialik, a quien curiosamente quizá ubiques por haber interpretado a la Dra. Amy Farrah Fowler en la famosa serie The Big Bang Theory, publicó un video en redes (3) explicando un fenómeno muy interesante que ocurre con quienes estaban acostumbrados a navegar con mapas físicos. Se descubrió que leer mapas ejercita procesos asociados con el desarrollo del hipocampo y la estimulación de esta región del cerebro, asociada con la percepción espacial, fortalece la capacidad de, literalmente, mapear el mundo y nuestro alrededor en nuestra mente.
Si bien la Guía Roji no era la única forma de ejercitar el hipocampo, otras actividades que también podrían estimularlo igual se vieron desplazadas o sustituidas por nuevas tecnologías, tal como el mapa impreso, que sucumbió ante Google Maps.
¿Obedecer y seguir es más fácil que interpretar y tomar decisiones?
¡Claro que sí! Tiene mucho sentido que la tecnología detrás de la app de Google haga más fácil el trabajo; ese es su propósito. La consecuencia es una habilidad que ya no necesitamos potenciar.
Si sumamos la cantidad de oportunidades de fortalecer nuestro cerebro que ahora se nos escapan por sustitutos tecnológicos, y luego las juntamos con las acciones tecnológicas que de hecho perjudican el desarrollo, como la exposición prolongada frente a pantallas (4), terminaríamos preguntándonos si cada generación no presentará un abanico de competencias visiblemente diferente respecto al de las generaciones pasadas.
¿Qué se espera de nosotros en el día a día frente a la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial está construida sobre algoritmos complejos que responden de forma creativa imitando expresiones y rasgos humanos. El papa León XIV reflexiona profundamente sobre cómo interactuamos con la IA en la encíclica recién publicada Magnifica Humanitas (5) y presta atención a tres aspectos que se hacen presentes de forma constante: el primero es, por supuesto, que es una poderosa herramienta facilitadora de procesos que nos acerca a resultados deseables. En segundo lugar, y teniendo cuidado con esto, por la forma en que organiza sus respuestas da una sensación tranquilizadora de objetividad. Y finalmente, el tercer rasgo es que tiene la capacidad de emular la comunicación humana, con gestos de aparente amabilidad y empatía, aunque no posea capacidades de juicio real ni moral, ni pueda asumir responsabilidad.
Casi 40 años atrás ya se vaticinaba el día en que las computadoras se volvieran un soporte ideal para acompañar el quehacer humano diario. Piensa en esto, hace muchos años, en 1988, entrevistaron en un programa de televisión a un famoso escritor llamado Isaac Asimov. Era un hombre brillante, culto y muy interesante. En la entrevista habló sobre cómo un día habría computadoras en cada casa y sobre cómo estas computadoras estarían conectadas entre sí y a su vez con una vasta colección de conocimientos; la gran suma de todo el conocimiento humano al que las personas podrían hacerle preguntas desde sus computadoras (6). Tras esta afirmación, el entrevistador frunció el entrecejo con cara de incredulidad, pues apenas unos pocos años antes, una sola computadora podía ser del tamaño de grandes habitaciones, no era común que la gente tuviera computadoras en sus casas pues no eran de uso personal y aún no se usaban las búsquedas en la web. En esta entrevista, Asimov medita sobre cómo la educación podría ser más accesible para todos si contáramos con un maestro digital al que le pudiéramos preguntar lo que quisiéramos para así complementar lo que aprendemos en la escuela, pulir habilidades, poner a prueba nuestro conocimiento, resolver dudas y problemas, o expandir cada experiencia vivida para conectarla con nuestros intereses (Figura 3).

Figura 3. El maestro digital asimoviano reimaginado. Imagen conceptual con fines ilustrativos, diseñada por el autor y generada mediante la herramienta de generación de imágenes de OpenAI.
¿No tenemos ya acceso a este recurso de búsqueda y resolución de dudas?
Desde una búsqueda en Google en la que ya nos responde Gemini, hasta una conversación con ChatGPT, pasando por muchos otros modelos de lenguaje de inteligencia artificial como Meta (incorporado por default en WhatsApp, Instagram, Facebook, etc.), se ha vuelto común el uso de estas herramientas para reducir el trabajo, pero no siempre para potenciar los resultados.
Por ejemplo, cuando un profesor pide a sus alumnos que resuelvan un cuestionario, aquel que le toma una foto, la sube a la IA y le ordena que resuelva las preguntas, está evitando por completo el uso de una habilidad que un profesor desea desarrollar en el alumno. Lejos de recibir un beneficio, solo es eficiencia aparente, no real, y se olvida el verdadero propósito de una tarea escolar; sin mencionar la gran falibilidad que aún tiene la Inteligencia Artificial Generativa.
Conclusión de la Parte I
De forma análoga a como las jirafas de cuello corto fueron desapareciendo para dar paso a aquellas mejor adaptadas a su entorno, y habiendo analizado que la tecnología no sólo modifica la vida humana, sino también aquello que dejamos de ejercitar, nuestra sociedad, y en general nuestra especie, se enfrenta hoy a cambios radicales en su modo de vida y, por ende, en aquello hacia lo que podría transformarse. En ese sentido, podría decirse que comenzamos a comportarnos como un Homo sapiens chatgipitiensis.
En la segunda parte de este artículo se reflexionará acerca de cómo la inteligencia artificial puede ampliar el alcance de nuestras capacidades cuando se convierte en aliada del aprendizaje. Como las jirafas, cuyo cuello más largo les dio un alcance mayor; sin dejar de lado que las jirafas no eligieron el rumbo de su evolución, mientras que nosotros sí podemos decidir cómo incorporar la inteligencia artificial a nuestra vida y qué capacidades humanas queremos seguir cultivando.
Hasta aquí hemos reflexionado sobre la forma en que la tecnología ha modelado a la humanidad desde sus orígenes. Sin embargo, la inteligencia artificial introduce una diferencia inédita respecto a los procesos de cambio del pasado: esta vez podemos comprender el cambio mientras ocurre y decidir conscientemente cómo participar en él. Esa decisión dependerá, más que de la tecnología misma, de nuestra manera de aprender, de pensar y de ejercer responsablemente nuestra libertad.
Para saber más
- Harari, Y. N. (2017). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad. Penguin Random House.
- Nelson, S. (2010). Book review: The cooking hypothesis revisited: Fresh food for thought [Review of the book Catching Fire: How Cooking Made Us Human, by R. Wrangham]. Evolutionary Psychology, 8(3), 340–342. https://doi.org/10.1177/147470491000800301
- Crea La Vida Que Deseas. (2022, 5 de julio). Cómo afectan los celulares al cerebro – Mayim Bialik (Big Bang Theory) [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=xpGWNOzB4QE
- Dunckley, V. L. (2017). Reinicia el cerebro de tu hijo: un plan de cuatro semanas para acabar con las crisis emocionales, mejorar las calificaciones escolares y potenciar las habilidades sociales de tu hijo. Ediciones Obelisco.
- Papa León XIV. (2026, 15 de mayo). Magnifica humanitas. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
- Make it Real. (2015, 9 de septiembre). Isaac Asimov previendo el impacto de Internet [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=a-Q178zfPFg
Esta columna se prepara y edita semana con semana, en conjunto con investigadores morelenses convencidos del valor del conocimiento científico para el desarrollo social y económico de Morelos.