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La tercera edad: la más afectada por Covid-19

La tercera edad: la más afectada por Covid-19
Alberto Lifshitz y Juan Tonda

El Dr. Alberto Lifshitz es médico cirujano por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en Medicina Interna. Además, es egresado del Centro de Formación de Profesores del Instituto Mexicano del Seguro Social. El Físico Juan Tonda Mazón es un reconocido divulgador de la ciencia que forma parte de la Unidad de Comunicación de la Ciencia del Instituto de Energías Renovables, UNAM

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Nuestro organismo posee gran cantidad de células y moléculas que nos defienden contra el ataque de patógenos como virus, bacterias y hongos, que frecuentemente tratan de invadir nuestro cuerpo. Entre los muchos microbios que nos pueden contagiar, los virus son los más difíciles de atacar. Hay dos grandes tipos de virus los que están hechos de ARN (ácido ribonucleico) y los que están hechos de ADN (ácido desoxirribonucleico). Cuando un virus entra a una célula, como está hecho de material genético, se reproduce rápidamente y saca cientos de copias de ARN o ADN engañando a las células. Si el virus no entra a las células no se puede reproducir y ya no nos causa ningún daño. El virus del SARS-CoV-2 que provoca la enfermedad COVID-19 está hecho de ARN (Figura 1). Los virus están en la frontera entre lo vivo y lo inerte pues no se pueden reproducir por sí mismos, sólo cuando invaden una célula y se apropian de su sistema reproductivo y lo hacen trabajar para producir más virus.

Figura 1. Diagrama del coronavirus. Tomado de: J. Peiris, Y Guan & K Yuen, Severe acute respiratory syndrome, Nature Medicine Supplemente 2004, 10 (12).

El sistema inmunológico

Existe una gran estructura que funciona para defendernos de ataques externos que producen infecciones y enfermedades en nuestras células, tejidos y órganos, se llama sistema inmunológico o inmunitario. La sangre posee glóbulos blancos o leucocitos que se encargan, en parte, de defender a nuestro organismo contra todo tipo de microbios. Como la sangre circula por todo el cuerpo, estas células del sistema inmune están en todos lados, aunque se concentran en los ganglios linfáticos que están en el cuello (y otras partes del cuerpo) y en un órgano que se denomina el bazo —que se encuentra en la parte alta del abdomen, muy cerca del corazón—. Entre las principales células que combaten las infecciones están: los neutrófilos, los macrófagos, los linfocitos B, los linfocitos T y las células dendríticas (Figura 2). Cabe señalar que todas estas células se producen en la médula de nuestros huesos (médula ósea), a excepción de los linfocitos T que se producen en un órgamo llamado timo.

Figura 2. Inmunidad innata y adaptativa. Los mecanismos de la inmunidad innata proporcionan la defensa inicial contra las infecciones. Las respuestas inmunitarias adaptativas aparecen después y consisten en la activación de los linfocitos. Figura y pie tomados de: Abbul K. Abas, Andrew H. Lichtman y Shiv Pillae, Inmunología celular y molecular, Elsevier, 2012.

Los neutrófilos reparan las células, por ejemplo, cuando nos cortamos o nos herimos, y engullen a los microbios; los macrófagos se comen a las células muertas y algunos microbios; los linfocitos B producen unas moléculas o sustancias especiales y muy útiles llamadas anticuerpos que también combaten a los invasores. Dentro de este último tipo celular, los llamados linfocitos B de memoria, son los que reconocen a un patógeno por segunda vez (Figura 3). Por otro lado, hay dos tipos de linfocitos T: los linfocitos T colaboradores —que ayudan a los linfocitos B a producir anticuerpos y aumentan la capacidad de los macrófagos— y los linfocitos T citotóxicos, que eliminan a las células infectadas por un microbio. Las células dendríticas le comunican o informan a los linfocitos T colaboradores el tipo de microbio patógeno que ha entrado a nuestro organismo.